ColumnasEl Rincón del SommelierVinos

De Maridaje y Vinos

A tono de despedida vacacional me da con escribir estas palabras. Para cuando lean esto, si es que todavía alguien lee estas cosas cibernéticas, estaré de viaje en mi Luna de Miel. Si! Luna de Miel!! Exacto! Me casé!!!

No puedo ver sus reacciones, pero últimamente, las reacciones de las personas que se enteraban de mis planes, eran algo sorprendentes para mi. Resumiendo, muchas expresiones fueron algo así: ¿Te vas a casar!?! Uhhhhh!!!! ¿Estás seguro? ¡Estás loco! ¿Estás loco?

El que me conoce sabe que estos sentires y opiniones no me afectan en lo absoluto. Pero si acepto que me resultaba curioso y extraño tanto rechazo a la idea y compromiso del matrimonio.

Señoras y Señores ¿Cuál es el problema? No entiendo. El que se va a casar soy yo. Esta ceremonia no le afecta a nadie, excepto a los invitados a la boda, de quienes esperamos regalos GRANDES!! jejeje. Con estas palabras no pretendo ser experto en relaciones, pero aquí les hago una comparación.

Seguramente muchos nos aseguramos por conservar nuestras preciadas botellas de vino en temperaturas adecuadas. Compramos cavas especiales y ambientamos espacios para estos propósitos. Mantener el preciado vino en condiciones óptimas para el futuro consumo se convierte en una necesidad. A esto le añadimos las excelentes copas que seleccionamos para disfrutar estos líquidos, decantadores, abridores, y demás parafernalia asociada a nuestros rituales vinícolas. Claro, y no hablemos de los quesitos, jamones curados, tablitas, cuchillitos especiales, etc.

Los invito a pensar que posibilidades existirían, si le dedicáramos el mismo tiempo, cariño, y detalles que dedicamos a añejar esas magníficas botellas de vino a nuestras relaciones sentimentales. Imaginen!

Por mi parte, al igual que esas grandiosas botellas que cuido y guardo por años para que lleguen a su máxima expresión, de igual manera pretendo dedicarle tiempo, cuidar, y proteger mi relación para que con el paso de los años continúe creciendo y evolucionando. Este matrimonio, simbólicamente, es la botella más importante en mi colección. Nunca será descorchada, sino que siempre será atendida y protegida para que continúe progresando, desarrollándose, y me de lo mejor de si.

Si he tenido paciencia y cuidado infinito con Borgoñas, Barolos, Portos de Añada, y Burdeos, ¿por qué no puedo hacer lo mismo, o más, por mi matrimonio? Imaginen si le dedicáramos el mismo tiempo a nuestras relaciones que al vino. Imaginen!!!

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