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De visita por las bodegas salteñas

Una vista de los viñedos de la bodega El Porvernir

A fines del año pasado, me pude dar una escapada a Cafayate, convocado por el CoProVi (Consejo de Profesionales Vitivinícolas del NOA) para la 8° Degustación de los Vinos del Valle Calchaquí. La idea de esta degustación es invitar al público general y especializado a probar a ciegas vinos representativos de la cosecha para así darnos una idea de cómo viene la añada en curso.
Por razones personales, laborales, y otras prioridades propias de fin de año, no pude escribir nada sobre el evento y el viaje. En esta primera nota voy a comentar un rápido tour que nos hicieron por las bodegas organizadoras del evento. Fue una fugaz visita para tener una impresión macro de cómo trabajan. En notas subsiguientes comentaremos la degustación propiamente dicha y la visita a otras dos bodegas que estaban fuera del circuito organizado, pero a las que no podía dejar de ir.
El punto de partida fue en El Porvenir, donde Mariano Quiroga Adamo nos esperaba con una rica copa de su Torrontés, seguramente uno de los mejores de todo el Valle.
PR Porvenir
Una vista de los viñedos de la bodega El Porvernir
La familia y la bodega comparten una filosofía de respeto por la historia y por eso está llena de detalles y antigüedades. Es por eso que también se conservaron la fachada de adobe y esos grandes toneles. Mientras esperábamos la llegada del resto de comunicadores del vino convocados, Mariano nos explicaba, sin poder disimular su entusiasmo, lo excelente de la cosecha 2014. No será el único, la mayoría de las bodegas de la zona considera la pasada como una añada excepcional. Las uvas crecieron lentamente alcanzando un grado de madurez balanceado y óptimo, y ahora basta esperar a que se terminen las crianzas en barricas, o las estibas de los vinos más jóvenes.
PR Domingo Molina
Una vid de más de 100 años en lo de Domingo Molina
De allí partimos para una rápida visita entre los tanques de Amalaya. La bodega está comandada por Francisco Paco Puga, quien prefirió mostrarnos los varietales menos tradicionales que maneja en Amalaya. Probamos un excelente Cabernet Franc y un sabroso Riesling que forman parte de los cortes de sus vinos. Otra cara de Cafayate.
De las bodegas jóvenes pasamos a una de las más clásicas de la zona, El Esteco. Allí vimos parte de la historia de Cafayate, la de los antiguos toneles, y el estilo arquitectónico colonial. El Esteco hace millones de litros anuales de vino, por lo que te da una perspectiva opuesta a la de las otras bodegas. Todo es más grande sin descuidar la calidad. De la mano de Claudio Maza llegamos a donde se crían sus vinos más preciados, los que van al Altimus o al Pequeñas Producciones. De las cubas pudimos probar un gran Cabernet Sauvignon con toda la impronta salteña y la finura que se le está dando al varietal. También una rara sorpresa, un Pinot Noir al estilo del norte, con mucho color y buen cuerpo, aunque sin perder las características varietales.
Si bien Cafayate está en un valle y allí se encuentra la mayoría de los viñedos, el recorrido no estaría completo si no hubiéramos subido a los cerros. Allí nos esperaban para llevarnos a conocer la bodega Domingo Molina, enclavada en los 2000 metros de altura. Probamos varios Malbec de diferentes procedencias, desde terruños extremos hasta viñedos casi centenarios, todos diferentes y exquisitos que muestran la versatilidad de la cepa y de Cafayate. Antes de irnos para nuestro destino final, los enólogos que nos acompañaban insistieron para que Rafael Domingo nos hiciera probar un pequeño tanque de acero inoxidable apartado al final de la sala. Era un Cabernet Sauvignon tardío, rebelde, y tal vez irrepetible, que espero que salga al mercado alguna vez. Así lo tomamos con unos quesitos.
PR Piatelli
Nuestra última parada fue la bodega Piatelli, también en la altura. Impresiona su arquitectura, al mejor estilo de las bodegas norteamericanas, y aprovechando la imponente vista del Valle que aportan los cerros. Allí comimos unas empanadas y una picada para cerrar la mañana, acompañado de algunos de los vinos salteños de la bodega, que orgullosamente nos presentaba Alejandro Nesman, su enólogo. Quien haga una visita a la hermosa Cafayate no puede olvidarse de ir a comer a esta bodega, uno de los puntos más requeridos por el enoturismo vallisto.
Todavía no terminaba el día. Nos quedaba el plato fuerte, la degustación de los vinos de la cosecha por la noche y la fiesta de cierre. Así que siesta y a ponerse bonitos. Pero eso se los cuento en la próxima nota.
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