El Rincón del SommelierVinos

Tomadme despacio que estoy apurado

Dicen que las navidades en Puerto Rico duran un poco más de 50 días. Empiezan por ahí después de Thanksgiving y terminan por ahí después de las fiestas de la Calle San Sebastián. La verdad, y con el perdón de todos los amigos lectores y amantes de estas festividades, tengo que confesar que no soy muy navideño que digamos. Nunca lo fui.

En una de esas es un defecto de fábrica o tal vez alguna que otra anécdota familiar me haya dejado así. Nadie es perfecto y no todo está perdido. Quién les dice que en unos pocos años más de vivir en esta preciosa isla no me haga socio del club de las guirnaldas y los gorros rojos y blancos. Después de todo, ya le estoy agarrando poco a poco el gustito al pitorro y al coquito. Todo es posible y lo único seguro es el cambio, aunque a seguro se lo hayan llevado preso desde hace rato por algo relacionado con la falsificación de etiquetas de vinos franceses, si mal no recuerdo.

Como sea, hay algo que no se puede negar. En esta época se respira el “espíritu navideño”. La gente sale más, se desea bendiciones y felicidades y eso alegra y reconforta. Uno va a la farmacia a comprar pastillas para no soñar y la muchacha del counter que te cobra dispara con toda naturalidad un “muchas gracias, felicidades”. Extra-ordinario. Uno se retira del establecimiento de mejor humor que cuando entró. Aquí es donde empieza el “pero” del asunto. La muchacha se nos hizo muy simpática pero olvidó mencionarnos que deberíamos haber agregado a nuestra compra una pelotita anti-stress. Es que ahí afuera está la jungla navideña, el tapón inconcebible e impredecible, las filas hasta para entrar a tu propia casa, y esa velocidad de Barry Allen que a uno lo toma tan por sorpresa como a Barry Allen.

Se vive rápido y muchas veces furiosos, pero a no desesperar que nada dura para siempre y mucho menos nosotros. En esta época suele darme eso que yo llamo una etapa catártica-evaluativa. Me pongo a reflexionar consciente e inconscientemente del año que pasó. De lo que hice bien, de lo que hice mal, de lo que podría haber hecho mejor, de los proyectos que quedaron en el camino y del camino que es un proyecto. ¿Acaso no le pasa a todo el mundo?

Para el año que viene me gustaría tomarme las cosas con más calma, y aunque sé que tal vez eso no sea posible, lo que voy a tomarme con más calma es el vino. Voy a empezar por ahí. Les recomiendo que hagan lo mismo. Tomarse el vino con calma es, de alguna manera y por qué no, tomarse la vida con calma. Detenerse a apreciar las bondades de una copa de vino servida por una mano amiga es como escribir con tinta acme la receta para la felicidad o como poder ver la sonrisa de Mari para siempre reflejada en la laguna de Condado.

¿Vinos para la época navideña? Bueno, a mi me parece que es más una época para corroborar que para descubrir. Yo tomaría otra vez ese vino que me deslumbró allá por febrero o por junio. Ese que tal vez me gustaría reafirmar en el paladar o en el corazón. Ese, justamente ese que les viene a la mente en este momento.

No alcanza una vida para probar todos los vinos del mundo, ni para aprender todo lo que hay que aprender. La vida es corta y el tiempo es fugaz como una estrella o como un suspiro. En una de esas la huesuda está dejando respirar nuestra última copa. ¿Quién sabe?

Lo importante es que se siente a compartirla.

Previous post

Cerveza ‘Shiner Bock’ llega al Mercado puertorriqueño

Next post

Celebra el Día de Reyes con el nuevo empaque de Edición Limitada de Johnnie Walker Blue Label

No Comment

Leave a reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>