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Los Vinos de Darioush – Primera Parte

El sueño americano está vivo y coleando. Con esta frase se puede definir un poco lo que ha sido la fundación, el desarrollo y el impacto en el mercado de los vinos de la Bodega Darioush, sita en Napa Valley, California, y cuyas raíces se remontan al sueño de un hombre de origen iraní que ha hecho de los Estados Unidos el centro operacional de sus negocios y, por supuesto, de la bodega que lleva en sus etiquetas su nombre de pila.

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Darioush Khaledi, hombre renacentista y visionario, empresario de múltiples facetas e intereses personales y comerciales, fundador de una de las cadenas más grandes de supermercados en los Estados Unidos, estuvo desde muy temprana edad inmerso en el mundo del vino por influencia de su padre, quien experimentó en su natal Persia con la elaboración de vino y con el varietal Syrah, conocido también como Shiraz, y que tiene grandes vínculos con esa parte del mundo, donde, como cuestión de hecho, hay una ciudad que lleva el nombre de la uva, razón por la cual más de uno traza su origen a dicha parte del mundo. Luego de abrirse paso en el mundo de los negocios, Khaledi decidió allá para el 1997, junto a su esposa Shahpar, fundar la prestigiosa operación vinícola objeto de esta columna, cuya primera parte humildemente compartimos con ustedes.

Hace unas semanas nuestro amigo Carlos Montalvo de Fine Wine Imports nos extendió una cordial invitación al restaurante Ruth Chris de Hato Rey para un almuerzo junto a Dan De Polo, Presidente de la Bodega y mano derecha de Khaledi, para probar una selección de los vinos que están disponibles en nuestro mercado. De Polo, quien este mes cumple una década trabajando con Darioush se llena de entusiasmo al hablar de la filosofía que inspira los trabajos de su equipo en Napa. En un aparte con Puerto Rico Wine News y con Wine News TV, De Polo nos explicó que la ubicación geográfica de la Bodega y sus viñedos, que es algo hacía el Sur, cerca de Carneros, permite que sus vinos tengan cierto estilo peculiar, que optan un poco por el balance y la elegancia del vino. De Polo nos comentó que su Bodega no se parece a ninguna otra y que se ven a ellos mismos como un puente entre lo clásico y lo moderno, como un nexo lógico entre el carácter austero, frío y algo rígido de los Chateaus de Burdeos y la flexibilidad jovial de un poder hacer, casi libre de reglas o esquemas, del Nuevo Mundo del vino que en pocos lugares se manifiesta de forma tan evidente como en los cálidos y fertiles pagos de California.

Antes de arrancar con la cata formal, que estuvo acompañada de una exquisita selección de platos, se nos brindó una deliciosa copa del Darioush Viognier 2012. Un vino de una uva que es algo inusual en Napa, pero que cuando está correctamente plasmada en un vino es genial. De notas florales, con cítricos dulces y algo tropical, se siente lleno de vida, con una estructura importante y una acidez crujiente para abrir el apetito. Si buscas algo diferente, tal vez lanzarle una “curva” a tus invitados acostumbrados al Albariño, al Pinot Grigio o al ubicuo Chardonnay, brinda este magnífico ejemplar de Darioush.

Entrando ya en cepas más tradicionales, pasamos al Darioush, Chardonnay, 2012. Proveniente de un clima más frío que tantos otros blancos de esta cepa en Napa, es un ejemplar elegante, de gran control y prudencia olfativa, si es que dicho término es admisible. Notas de duraznos, peras, leves recuerdos de vainilla, cáscara de limón. Preciso, pero a la vez rico en textura. Diría que es un vino blanco de una uva que puede llegar a cocinarse y/o a abusarse, pero que acá está muy bien expresada y llega a lo justo, a ese punto previo a saturar el paladar. Tributo a Borgoña con alma americana.

Ya en la ruta de los tintos y donde nos quedaríamos el resto de la velada, probamos el Darioush, Russian River Valley, Pinot Noir, 2011. De uvas que provienen de una zona conocida como el “Gold Ridge” en Vine Hill Road, se asemeja mucho a un vino afrutado en Borgoña. Otra vez, se percibe ese nexo entre lo moderno y lo clásico, el perfecto balance entre el Viejo y el Nuevo Mundo. Notas de cerezas, especias, algo de anís, clavo y un elemento “savory” que lo hace muy agradable y perfecto para acompañar comida. Además, me dio la impresión que estará mucho mejor en unos 3 a 5 años, cuando se integren todos los elementos que se perciben en la parte retronasal de la cata.

Subiendo unos peldaños en intensidad, pasamos al proyecto de Darioush en Mendoza, Argentina. El Capataz, Malbec, 2011 es genial. Así de sencillo. En el 2007, Darioush Khaledi y Aria Mehrabi, propietario donde están los viñedos, decidieron combinar esfuerzos para producir un Malbec de alta gama, reflejando lo mejor que puede dar la región a los enófilos del mundo. De la mano del enólogo de Darioush, Steve Devitt, con uvas de viñedos de las regiones de Lunlunta, Agrelo y Tupungato, Khaledi y Mehrabi logran producir un vino delicioso en toda la extensión de ese vocablo. Rico, de taninos jugosos, con una complejidad aromática que te lleva por el membrillo, la jalea, las violetas, las hierbas, el grafito, las especias, los frutos negros. El vino se queda en el umbral de ser un vino maduro, cálido o, lo que sería peor, cocinado. Como le dije a De Polo, es un vino que pone la prudencia a prueba y llega hasta ese punto al que todo vino que aspire ser expresivo debe llegar antes de ser simplemente una “patada de fruta y madera”. Busquen este vino pronto ya que su legión de seguidores prontamente tal vez le hagan difícil de conseguir.

Pronto les comentaré del resto de la velada que pasa por los vinos de Merlot, Shiraz y Cabernet de esta gran bodega.

Saludos y Salud!

Pueden acceder aquí para leer sobre los deliciosos platos que sirvieron junto a los vinos de Darioush.

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