Vinos

Hablemos de Torrontés

El Torrontés es una cepa autóctona argentina surgida en épocas de la Colonia. Los estudios ampelográficos e históricos coinciden en que nace en los viñedos de los jesuitas, producto del cruce entre la uva Moscatel de Alejandría y la Criolla Chica (conocida en Chile como País y en EE.UU. como Mission). El cruce dio 3 variantes: Torrontés Riojano, Torrontés Sanjuanino y Torrontés Mendocino. Por su calidad superior, la primera es la más utilizada para vinificar, mientras que las otras dos se destinan al consumo en fresco o para hacer vinos blancos genéricos. Por eso, si en este momento me acompaña con una copa de buen Torrontés, no importa si es de Mendoza, La Rioja, Salta o Catamarca, podemos estar un 95% seguros de que pertenece a la variedad Torrontés Riojano.

El Torrontés se caracteriza por su gran intensidad aromática donde abundan las notas dulces y las flores (rosas) y especialmente las flores blancas (jazmín, magnolia), como también las frutas como el durazno, durazno blanco, ananá, pomelo, lima. Como sabemos, esto puede variar dependiendo de la forma de vinificar y de la región de origen. En ese sentido, el terruño puede aportar otras sutilezas aromáticas como la manzanilla, el orégano, la cáscara de naranja. En boca es más bien seco, a pesar de sus aromas iniciales dulces, con una acidez media y un característico final algo amargo.

Estas características, a veces tan atrayentes, como su intensa nariz floral y su final de cierto amargor, pueden provocar “cansancio” en el consumidor. La enología argentina de las últimas décadas ha puesto el ojo sobre el Torrontés y comenzó un análisis y un trabajo serio con él para lograr un vino de alta calidad enológica. Se trabajó intensamente para hacer de nuestro querido Torro un vino exportable y más agradable.

Uno de los pioneros fue José Luis Mounier y su trabajo en el viñedo, que lograron ir domando al Indomable. Pero el trabajo fundamental, tozudo y de laboratorio creo que lo hizo el Dr. Rodolfo Griguol, enólogo principal de la Cooperativa La Riojana, quien después de cinco años de investigación pudo aislar cada uno de las cuatro tipos de levaduras indígenas que intervienen en la fermentación del Torrontés. Estas levaduras, que funcionan en un perfecto equilibrio biológico, ahora identificadas permiten lograr finura y delicadeza. Todo depende de la mano del enólogo.

Claro, estos cambios generaron reacciones. Por ejemplo, una muy recordada fue el exabrupto de Miguel Brascó, quien dijo en 2008 que el Torrontés se tornó “un vino gay”. No quiero entrar en debates éticos sobre la connotación prejuiciosa de la frase, incluso Brascó reconoció que no quiso que sonara así sino que el prefería el estilo rústico anterior, más macho. Una postura que solo refuerza la idea de que lo único bueno viene de Europa, y lo americano debe ser rústico y poco sofisticado.

Como él, son muchos los que piensan que se ha despojando al varietal de su identidad. Personalmente, considero que lejos de querer enmascararlo o disfrazarlo de lo que no es, hemos aprendido qué es realmente este varietal. Estas posturas reaccionarias y un vino mal entendido le han dado famas erróneas y prejuicios instalados. Por ejemplo, que es un vino dulce, de mesa, rústico y regional. Puede haber todo eso en su copa, pero no necesariamente debe serlo.

 

Fuentes:

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Dos copas

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Goyo García Viadero, hacedor de vinos.

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