El Rincón del SommelierVinos

Dos copas

“El vino es la más sana e higiénica de las bebidas”

                                                                                   Luis Pasteur

Hace millones de años luz y unos veintipocos años terrestres, cuando el acné adornaba mi frente y las preguntas pseudoexistenciales adolescentes inundaban lo que estaba detrás del acné, se me ocurrió esta máxima: “la felicidad llegará a mi vida cuando incorpore a mi dieta  dos copas de vino por día”.  Ya sé que no suena muy ambicioso de mi parte, tal vez podría haber incluido una mujer, hijos, una casa grande y un poquitito más de liquidez (económica) pero bueno, acá estamos. Lo que yo imaginaba en ese entonces –fascinado seguramente por los vinos que un buen amigo “tomaba prestados” de la cava de su padre- era que si alguien incluía en su vida diaria un par de copas de vino era casi imposible que ese fulano fuera un infeliz. Con el correr de los años uno va evolucionando y supuestamente alcanzando un grado de madurez que nos convierte en adultos. Debo admitir que en muchos sentidos no soy el mismo de ayer y probablemente no sea el mismo de mañana, aunque hay ciertas cosas que permanecen inmutables. Sigo convencido que lo que nos separa de la felicidad, a veces, son solamente dos copas de vino.

Desde tiempos inmemorables el vino fue utilizado en ceremonias, ritos, celebraciones  y en tratamientos para prevenir y curar enfermedades. Por supuesto, la industria farmacológica moderna ha ido ganando espacio con medicinas menos naturales pero más idóneas para combatir el insomnio o dilatar los vasos sanguíneos. Si me preguntan a mí, prefiero un buen Cabernet franc antes que un somnífero  pero, como diría el Nano, “cada quien es cada cual y baja las escaleras como quiere.”

Dos copas quieren decir moderación,  y moderación, equilibrio (¿y equilibrio felicidad Señor Miyagi?). Así como un poco de alcohol aumenta la secreción gástrica, el exceso la inhibe y puede provocar irritación en la mucosa estomacal. Dos copas pueden variar dependiendo de varios factores que tienen que ver con la fisiología, la psicología y el contexto social en el que se beba.  Está demostrado hasta el aburrimiento y más allá que los países que más vino consumen, son los que tienen la menor tasa de mortalidad por problemas cardíacos. Esto se debe, como todos saben, a que los taninos del vino tinto ayudan a que se depure el colesterol y tienen una función parietal en las arterias.  También se sabe que la ingesta moderada de esta noble bebida mejora la función cognitiva, ayuda a reducir la obesidad, el mal aliento, las caries,  el cáncer de pulmón, de próstata, de mama y una larga lista de etcéteras que, además del de vino en sí, creo yo que va acompañada por un estilo de vida. Alguien que sabe tomar vino y que disfruta de él seguramente pondrá más atención en los alimentos que consume, y  por ende tendrá una calidad de vida mayor que alguien que toma refrescos o que –perdón por la palabra- es abstemio.

El consumo de alcohol funciona diferente en hombres y mujeres y esto está directamente relacionado a la genética. A menos que seas Marion Ravenwood y estés a punto de acompañar al Dr. Jones en una de sus aventuras, está demostrado que el cuerpo femenino está dotado de una menor cantidad de enzimas, sobre todo estomacales, y que además, cuenta con menos líquido por kilogramos de peso.   En términos generales, una vez que el alcohol está en la sangre viaja por todo nuestro cuerpo a través de los vasos sanguíneos y se distribuye acorde a la cantidad de líquido que contiene el organismo. Es por esto que las dos copas diarias pueden estirarse un poquito en el caso de los hombres. Existen fórmulas para calcular lo que he dicho que incluyen el peso del consumidor, el grado alcohólico de la bebida, el peso consumido y, por supuesto, el grado de corrección con respecto al género.

Más allá de las fórmulas matemáticas lo cierto es que a veces se bebe mucho y mal. Cualquiera que trabaje en la industria gastronómica habrá experimentado en menor o en mayor medida (y a veces en carne propia) el exceso de bebidas alcohólicas y sus consecuencias. No pretendo hacer un llamado a la moderación y a la conciencia sino una pequeña reflexión acerca de los motivos por los cuales bebemos. Si usted está triste y en ayunas o conduciendo un vehículo y se toma un par de copas  no es lo mismo que si está celebrando y cenando con familiares y amigos ¿me explico? Cada persona es un mundo y no existen dos iguales pero me parece que el vino puede ser mal consejero si lo usamos para escapar o para sobrellevar problemas personales. Nuestro cuerpo reacciona diferente dependiendo del estado de ánimo, el carácter y la edad.  Es importante conocer nuestros límites así como también las circunstancias en las que se toma alcohol y actuar en consecuencia. Para que no haya malas consecuencias.

La lucha es de igual a igual contra uno mismo y el equilibrio es importante en todos los órdenes de la vida. Me parece que nada debería estar prohibido y que en muchos casos se nos conceden libertades que no entendemos bien cómo manejar. Dos copas es una buena medida. Dos es mejor que una y menos conflictivo que tres.

Ahí cada quien bajará las escaleras como quiera. Y como pueda.

Hasta la próxima.

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