Vinos

Crónica de una visita a Bodega Casarena

Recuerdo que probé los vinos de Casarena esporádicamente y siempre tuve una buena impresión de ellos. Un día, en una gran feria de vinos, me dediqué a probarlos todos tranquilo y ratifiqué mis impresiones. Ese día estaba presente Bernardo Bossi Bonilla quien, con la asesoría de Alejandro Sejanovich, está a cargo de la enología de Casarena. Hablamos cinco minutos (tal vez menos) y acordamos que iba a pasar por la bodega durante las vacaciones de invierno.

Era la primera bodega que visitábamos de todas las programadas y quedamos en llegar temprano para que Bernardo nos mostrara las instalaciones. La visita iba a ser relativamente breve porque esperaban la llegada de compradores del extranjero, pero fue suficiente para probar muchas cosas y lograr una impresión muy vívida. El exterior conserva los rasgos de la antigua Bodega Carlos Bertona (luego Bodega Filippo Figari), restaurada en 2007, para albergar unas instalaciones modernas que no desprecian en nada la tradición de Luján de Cuyo.

-¿Pudiste probar todos los vinos en la Feria? –me preguntó Bernardo Bossi Bonilla apenas empezamos a hablar.
-Sí.
-Ok. Entonces vamos a probar de los tanques.

Y así empezamos, yendo de aquí para allá, probando directamente de los tanques y de las barricas.
Bernardo, el Bernie como le dicen, es inquieto. No para, te lleva a una punta para que pruebes un rosado y de ahí te hace volver a la puerta de la bodega para que pruebes un tanque donde un Cabernet se comporta rebelde, pero genial. Lo guía su entusiasmo y es fácil dejarse llevar, seguirlo tras vinos y conceptos. Así conocimos el actual Casarena 505 Rosado, antes de que fuera embotellado, un corte 70% Malbec y 30% Cabernet Franc, fresco y vibrante, una delicia.

Hablamos del Petit Verdot de Agrelo, una cepa y una zona que se conjugan para dar vinos únicos y con mucho potencial. No es el Petit Verdot “pura estructura” para corte, sino algo mucho más elegante que se está desarrollando magistralmente en la zona. Y también le llevé mis inquietudes sobre el Viognier, una cepa blanca que viene silbando bajito y está agazapada, pronta para el disfrute de los enófilos. Anda experimentando este varietal para su proyecto personal, Mythic, un corte con Chardonnay de muy rica expresión.

Ya en la sala de barricas, pudimos probar sus single vineyards en proceso. Tienen dos Malbec, uno de Perdriel y otro de Agrelo, que fueron vinificados de la misma manera. Puestos uno junto al otro se entiende qué es un single vineyard porque son increíbles las diferencias entre sí, a pesar de que la distancia es relativamente corta. Uno, más sensual y clásico; el otro, más vibrante. Ambos, vinos de gran elegancia.

“Soy culo-inquieto”, admite Bonilla y nos lleva a probar un tardío de Cabernet, raro e interesante, a la otra punta del edificio.  Y después volvemos a la sala de barricas e improvisamos cortes, probamos cosas que tal vez nunca vean la luz, tratamos de entender la evolución de ciertas regiones, nos sacamos fotos en poses raras, y hasta comemos alfajores bromeando sobre la rivalidad Rosario-Santa Fé.

Sé que no suena a una visita típica, pero Bernardo no es un enólogo típico, sino más bien uno de la línea “loco lindo”. O, simplemente, un tipo apasionado, que vive con alegría lo que hace y lo contagia.

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