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Krug: Al borde de la perfección

En el principio fue puro entusiasmo y expectativa. Terminó siendo una historia de profunda admiración y, cómo no puede ser de otra manera, de una vivencia que pasará a formar parte de mi baúl de recuerdos. Sabía que se trataba de una oportunidad única en la vida poder catar varias añadas de Krug, para muchos la mejor champaña del mundo, junto a su Presidenta y Principal Ejecutiva a nivel mundial, Margareth Henriquez, conocida por sus allegados como Maggie. Venezolana de nacimiento, pero ciudadana del mundo, es una líder innata quien ya había escrito páginas importantes en el escenario del universo vitivinícola antes de llegar al puesto que ocupa en la actualidad. El encuentro con los medios, organizado por nuestro amigo y auspiciador, Carlos Montalvo, Fine Wine Imports y los amigos de V. Suárez, sería en Bottles en Guaynabo, lugar de reunión frecuente para los más acérrimos enófilos de Borinquen.

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Llegamos con algo de retraso a la cita, por lo que entré calladamente a ocupar mi silla en un extremo de la mesa. Dirigiéndose a los presentes, que estimo en no más de 30 afortunados comensales, estaba Maggie. Alta, esbelta, distinguida, con una asertividad que es evidente hasta en su aura. Posee el porte de una Jefa de Estado y, a la vez, el calor humano y la amabilidad de esa vecina que con el paso del tiempo se convierte no en prójimo, sino en familia. Maggie es una mujer que transmite el mensaje de su marca totalmente alejada de la óptica mercantilista. Escucharla hablar de Krug es análogo a la narrativa de una madre quien, ante los éxitos alcanzados por uno de sus hijos, irradia entusiasmo y orgullo por cada poro del cuerpo, dejando entrever esa verdadera felicidad que siempre debe ir aderezada de humildad a la hora de compartirla.

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Haciendo un recorrido por la historia detrás de cada uno de los vinos a degustar, evidenciando unas destrezas de comunicación que jamás había presenciado en mis vaivenes por el mundo del vino, Maggie, de forma casual, iba soltando frases y perlas del lenguaje que difícilmente olvidaré. Mi colega y co-fundador de Puerto Wine News, Manuel Somohano, hijo, me comentó algo muy cierto: “cada cosa que dice es digna de ser citada”. Hablando sin papel o libreto, Maggie, quien a ratos parecía que se dirigía a las Naciones Unidas y en ocasiones nos hacía sentir en la sala de su casa, nos comentó que Krug, mucho más que una bodega, corporación o entidad jurídica, es un casa familiar, regentada todavía por los herederos de su padre fundador.

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A continuación paso a reseñar los vinos catados, los cuales estuvieron muy bien acompañados de los deliciosos platos a los que Bottles ya tiene acostumbrado al comensal puertorriqueño. Salud!

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Krug Grande Cuvee, arrancamos con uno de los vinos más importantes de la casa. El que se elabora todos los años de forma consistente tratando siempre de imprimirle las características clásicas de elegancia, poder y balance de Krug. El vino base de este primer exponente, o el que se utilizó en mayor cantidad en la mezcla final, fue de la cosecha 2006. Lo encontré repleto de notas a manzanas verdes, mandarinas en miel, flores blancas, algo de jengibre, con las clásicas notas de pan recién horneado y algo de galleta de tarta. En boca se siente cremoso y carnoso, dinámico y vivo con esa nota amarga deliciosa a la salida que provoca en uno ir por una segunda copa. Estará mejor, si eso es posible, en unos años.

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Fue una añada muy caliente en la cual la vendimia comenzó el 22 agosto, siendo la más temprana en la historia de Krug desde su fundación en 1874. Maggie describió la añada como una heterogénea. Por razón del calor canicular que en promedio registró 10 grados más de temperatura que en otros años, el recogido de las uvas se hizo entre las 5 y las 8 de la mañana, para aprovechar el máximo frescor. Curiosamente y tal vez algo que sólo pueda denominarse como un milagro de la naturaleza, a pesar del calor en la época de vendimia, los chef de caves de la casa se dieron cuenta de que mientras habían viñedos con uvas totalmente maduras, quedaban algunas parcelas verdes. Ello, en virtud de que algunas vides, a los fines de protegerse de los calores, bloquearon la maduración de su fruto. Por tal razón y de forma paradójica, la añada 2003, a pesar de tener el arranque más temprano de vendimia, fue también la más extensa de la historia de la casa al culminar el 10 de octubre. Por razón de esta añada irregular, en la degustación, sobresale la fruta y, a la vez, un frescor envidiable; balance que no es fácil alcanzar. Cabe destacar que para la confección de este vino se degustaron cerca de 150 vinos en época de primavera. Algunos recomendaron que no se sacara un vino en un año en que la naturaleza protegió sus frutos de los calores ya que no se sabía con certeza cuál sería el producto final.

 Krug Brut 2000

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Maggie lo describió como una añada de muchas tormentas, lo que de salida y en sí mismo, es un pronunciamiento lleno de poesía. Se siente equilibrado y balanceado. Es cremoso, expresivo en boca, como comerse un mil hojas. Tiene capas y capas de estructura. Es un vino más resuelto que el 2003. Se sienten notas de manzana verde, algo de nueces, galleta recién horneada, flores y un leve mentol fresco que amarra todo en un final que rememora la semilla de la pera verde. Sedoso y espectacular.

 Krug Rose Brut

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La casa Krug siempre tuvo un visión muy clara de hacer únicamente dos champañas de inmensa calidad, la de cosecha y el Grande Cuvee-lo primero que probamos- que expresa todo lo que la familia es capaz de ofrecer a sus clientes. Desde su fundación, Krug ha perfeccionado el arte de la mezcla. Ello, con la finalidad de ir un poco más allá del efecto de la añada. Ahora bien, en cuanto al Rosé, Maggie nos contó que para la década de los 70 este tipo de vino se puso muy de moda. Pero, para el tradicional Henry Krug, a quien siempre se le preguntaba por la fecha del tan esperado Rosé de su casa, esta champaña era vulgar, con excesos de sabores y con un color más orientado a los pasteles de cumpleaños y a los prostíbulos. Para el 1976, Remy Krug, hijo de Henry y quien ya para aquel entonces tenía un rol importante en la bodega, visitó uno de sus viñedos y se dio cuenta q la uva estaba perfecta como para hacer un vino tinto tranquilo. Es entonces que se dieron cuenta que había llegado el momento de mezclar un poco de ese vino tranquilo con las reservas de la familia para hacer su Krug Rosé, cosa que se produce en 1977, curiosamente el año en que nació quien redacta estas líneas. Narra la leyenda, en voz de Maggie, que cuando llevaron el producto final, ya en 1984, para que el viejo Henri lo probara a ciegas, éste manifestó: “tenemos un grave problema, alguien está copiando a Krug.” Cuando supo la verdad, se conformó con el resultado ya que para su estima: “antes que frente a un Rosé estaban ante un Krug.” Es una champaña sensual, impertinente, salvaje, perfecta para maridar con varias comidas. Tiene mucha amplitud, gracias al 10% de vino tinto que le aporta aromas de frutos y especies, monte bajo, pétalos de rosas, limón. En boca es cremoso y tiene un final muy largo. Es la máxima expresión de balance y elegancia que he probado en una champaña rosada.

Krug Grande Cuvee, Maggie quizo cerrar por donde empezamos, o sea, con el vino más emblemático de la casa, pero esta vez con uno que utilizó en mayor proporción vino del cálido 2003. Este ejemplar, que año tras año convierte a miles en fieles clientes de Krug para los cuales ninguna otra champaña se le puede comparar, nuevamente confirmó mi sospecha antes de llegar a la actividad sobre lo que habría de ser un día inolvidable. Mucho más expresivo, o tal vez más resuelto, que el Grande Cuvee con el que arrancamos, este vino tenía dejos de especias, albaricoques, limón de frío, vainilla, mentoles. En el paladar es fresco, limpio, lleno de vida, con una potencia y nervio que le hacen sentir a uno el paso de un misil de seda por el techo de la boca, que cuando se trata de Krug, se convierte en un espacio muy parecido al cielo.

Sepan, apreciados lectores, que aparte de los vinos reseñados aquí, Krug produce dos champañas de pagos únicos, de muy escasa producción, los cuales no se hacen todos los años, que son el Clos du Mesnil, del que se embotellan únicamente 12 mil unidades y el Clos du Ambonnay, del cual se producen 4 mil botellas.

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