Un Prosélito del VinoVinos

Puerto Rico: Más que consumidor, como productor

Son muchos los productores de vinos de distintas partes del mundo que reconocen el peso que tiene esta pequeña isla a la hora de comprar vinos. Son cada vez más las degustaciones de coleccionistas con los enólogos como invitados, las actividades de presentación de marcas y el pulseo en la categoría de ‘value wine’ se pone cada vez más intenso. Aunque no tengo las estadísticas exactas de ventas estoy muy confiado de que antes que ir a muchos lugares en Latinoamérica, como solía suceder en el ámbito de la música, se tantea con nuestro mercado primero. Y es que aunque existe una oportunidad de educación bastante grande en nuestro mercado general, la variedad que nos llega de tantos países es algo encomiable.

Sin embargo, como todo consumidor astuto en medio de un mar de consumidores, siempre existen oportunidades para ampliar en otras direcciones, y así Puerto Rico, de a poco ha empezado a entrar en la dirección del productor.

No, ni tenemos áreas de denominación de origen, ni tenemos incentivos gubernamentales para el desarrollo de viñedos ni nos puede faltar la tradicional culpa colonialista que nos dice que es imposible hacer vinos aquí. Sin embargo, hay curiosos que han encontrado vías para criollizar lo imposible.

Una de las primeras maneras de crear vinos con alguna semblanza local es con el auspicio de una personalidad que puede o no tener insumo en la creación del vino. Hablo por ejemplo, y en el caso más conocido, del cantante Wilkins quien hace más de una década luego de comprar su propiedad en Argentina comenzó con su línea Gualicho. Lo que no muchos conocen es que en el 2009 se presentó en Puerto Rico una nueva línea de vinos que llevaban por nombre “Traicionero”, “Descarado” y “Sinvergüenza” respectivamente de las uvas Torrontés, Malbec  y Cabernet Sauvignon. Estos vinos  aunque no ampliamente disponibles, si recibieron mejor acogida que su primera línea.

En esa misma línea, el conocido Chef Wilo Benet lanzó ese mismo año el vino Dobleú, que se consigue exclusivamente en su restaurante Pikayo. El mismo es creado en las bodegas Ramón Bilbao en la región de Rioja en España y es un 100% tempranillo catalogado por Robert Parker Jr. como un ‘Best Buy’. Finalmente tenemos El Nord, vino creado en la región del Priorato, aunque no se ampara en la denominación de origen, por la Bodega Clos Pisarra, donde Sandro Giulimondi, conocido sumiller italiano radicado en Puerto Rico desde hace muchos años ya, se hizo partícipe como accionista en el 2007 y comenzó a promocionar desde el 2008. Es un vino del cual no pasan de las 1,500 botellas en producción y de muy buena calidad.

Por otro lado, hace poco se dió a conocer una empresa puertorriqueña llamada Bearco elaborando vino en Puerto Rico. Establecidos en Cidra crean un vino llamado Puerta de Hierro y tienen varietales como el tempranillo, merlot, cabernet sauvignon y el chardonnay a un costo de $4.99 poniéndolos en un mercado en una posición bien competitiva con vinos ‘entry level’ que no tienen que pagar costos de importación o arbitrios. Sin embargo las uvas no son locales. Estas provienen de diversos viñedos. Esta empresa comenta que su proceso “importa el mosto concentrado (el zumo de la uva que contiene diversos elementos como pueden ser la piel, las semillas, etc. Se considera una de las primeras etapas de la elaboración del vino.), luego se le extrae el agua dejando una sustancia más densa que el vino. En Puerto Rico se vuelve a hidratar con agua osmotizada de gran calidad, fermentándose la mezcla muy lentamente en la bodega para luego filtrarla y embotellarla, resultando un vino de calidad.”

Finalmente tenemos a la Bodega Andreu Solé. Llamada por muchos como un proyecto quijotesco, comendable pero de poca relevancia para el mercado de vinos en Puerto Rico. Sin embargo, yo opino, que no podrían estar más lejos de la verdad. Lo que Juan Andreu Solé, aparentemente un tanto tímido a las entrevistas y la publicidad, ha logrado hacer en Puerto Rico en carácter artesanal es la evidencia contundente de que en Puerto Rico si se puede hacer vino. Luego de un arduo trabajo junto a su padre que tardó años (lean su interesante historia), encontraron lo que ellos denominan un micro-clima en el pueblo de Guánica, que permite el crecimiento de viñedos con distintos varietales y con los cuales hacen el vino Doce Calles, un vino fortificado que cuenta con uvas tempranillo, moscatel, merlot y cabernet sauvignon.

Rápidamente vendrá quien diga que estos vinos jamás se podrán comparar con un DRC o un burdeo grand cru, pero estas personas están perdiendo la perspectiva. En primer lugar, no hay que competir con Francia para poder hacer vino y segundo que igual que nos comenta la revista Wine Spectator este nuevo año, este es el momento para permitirse experimentar y probar nuevas cosas.

El clima tropical puertorriqueño es uno que presenta muchas dificultades para el crecimiento de viñedos tanto por la lluvia constante como por las temporadas de huracanes, pero si hay uvas como el torrontés que se dan en lugares de altitud de más de 3,000 metros sobre el nivel del mar como en Argentina, y uvas como el albariño que se dan en la región de Rias Baixas que es conocida por ser húmeda y templado, ¿por qué no podrían haber varietales que se dieran bien en Puerto Rico? Claro, se necesitarían estudios de terreno, de clima, experimentaciones con las uvas y eso tomaría tiempo y dinero, pero en una época donde queremos desarrollar la industria local y donde tanto proyecto investigativo que no lleva a ningún lugar en el pleno del capitolio, parecería una mejor inversión del tiempo. Y esto no es un tema nuevo. Existen investigaciones como la de Joseph Fennell del 1946 titulado ‘La Uva Tropical’ que comenzó en Florida, se mudó al pueblo de Mayagüez y terminó en Costa Rica y se dedicó a la investigación de las posibilidades de crecer uvas en el trópico.

Quizás no sea este año, quizás no sea en diez años, pero conociendo la capacidad puertorriqueña y nuestra reconocida trayectoria de enfrentar lo enrevesado,  no me sorprendería que durante el transcurso de mi vida tengamos una industria local de producción de vinos. Igual, no nos cuesta nada soñar.

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1 Comment

  1. John González González
    February 3, 2014 at 11:51 pm — Reply

    Saludos Manuel:

    Excelente artículo y me lleno de mucho orgullo como lograste documentarlo.
    A pesar que Puerto Rico no es un país productor de vino, contamos con una varidad de los mejores vino del mundo. Siendo unos aficionados con gana de aprender somos los mejores críticos, ya que nuestra opinión no esta alineada ni comprometida con ningún vino en particular . Esto nos hace importante para la industria del vino Mundial…

    Recuerda, “Beber no es lo mismo que Degustar, Beber es instintivo y Degustar un Arte que comienza al colocar el sacacorcho…SALUD!!!”

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