Un Prosélito del VinoVinos

Visita al Fine Wine Celebration 15th Anniversary de Plaza Cellars

El pasado 10 de Noviembre 2013 tuve la oportunidad de asistir a la actividad anual de Plaza Cellars este año llevado a cabo en el Hotel Vanderbilt en el área del Condado, en San Juan, durante dos días; el sábado 9 para el público general y el domingo 10 enfocado en el mercado de restaurantes, hoteles y establecimientos.  Como todos los años, Plaza Cellars donó los recaudos de esta actividad a SER de Puerto Rico.

De entrada, se notaba la buena organización desde el registro con la rapidez para verificar los nombres de los que decidieron participar del evento, seguido por dirección hacia el segundo nivel donde estaban los presentadores de los sobre 60 productores de vinos con más de 300 vinos y algunos licores para dar a probar.  Como nota aparte, estamos muy agradecidos de la gerencia de Plaza Cellars por la invitación para cubrir el evento.

A este tipo de actividad vienen distintos tipos de personas. Están aquellos que gustan tomarse los vinazos y compartir con amistades.  Otros vienen a descubrir nuevas joyas.  Yo asistí en ánimos de probar un poco de todo, desde esos vinos campeones hasta los “entry levels”, y tomar notas para compartir con ustedes nuestros lectores. A continuación mis notas sobre los vinos que probé y las conversaciones que tuve con los distintos representantes de marca que son tan esenciales para la experiencia de probar los vinos.

Cuando entré al lugar me topé con un viejo amigo que estaba trabajando con su familia la mesa de Lacrimus, un Rioja de la productora Rodríguez Sanzo SL.  Allí me detuve a conversar unos minutos y probé sus vinos, el Lacrimus Roble “5” 2011 que es 100% Tempranillo y el Lacrimus Crianza 2008 que cuenta con un 15% de Graciano.  Entiendo que el “5” se hizo como un “entry level” para competir en los mercados de volumen no mayor de $15.  Tenía un gusto inicial agradable a vainilla, pero muy poca nariz. Sin embargo, el crianza mejoraba la nariz, pero perdía ese acento inicial de la vainilla que tenía el “5”.

Siguiendo mi camino decidí pasar por la mesa de Jordan Winery.  Había leído de ellos previamente pero no había tenido la oportunidad de probar sus vinos, tampoco son vinos económicos, usualmente navegando entre los $40 y $60 dólares.  Sostuve una conversación con la representante de marca y les comenté sobre cómo me parecía que la compañía tenía muy buenas e interesantes tácticas de mercadeo (haciendo referencia a aquel video que hicieron en la cúspide del gangnam style) y luego procedí a probar los vinos. El Chardonnay 2010 tenía un carácter ligero y crujiente (crisp) pero no saturaba mis papilas gustativas y al ser pasado por acero y no roble, tenía un sabor menos tradicional. El Cabernet Sauvignon 2009, no obstante, sí dejó una impresión muy positiva para mi.  Este vino es 76% Cabernet y el resto Merlot (lo que en mi diccionario lo hace un ‘blend’ pero allá cada región con sus ordenanzas y políticas).

Otra conversación interesante la tuve con Guillame Bousquet, de Domaine Bousquet en Méndoza, Argentina.  Estaban presentando sus vinos orgánicos y en el transcurso me contó cómo su familia se mudó de Francia para el cultivo en Tupungato hacía dieciocho años y ahí han estado trabajando varios vino de manera orgánica.  De sus vinos probé el Malbec 2012 y el Pinot Noir Reserva 2011 (los precios de todos los vinos son muy accesibles, a no más de $25). Realmente no me sentía atraído a probar Malbecs, pero por aquello de intentar con uno orgánico abalancé mi copa.  Tengo que decir que fue increíble.  Delicado, no tradicional para ser tan joven. Quizás por mi inexperiencia siempre ataba estos Malbecs jóvenes con vinos para tomar con comida, pero este vino rompió ese esquema. Menor fue mi sorpresa cuando el Pinot Noir me agradó tanto como el Malbec contando con un post gusto tan agradable y dulce que le ameritó mantenerle entre mis archivos de la noche.

Pasando luego por las mesas de atrás en la esquina izquierda del salón me detuve a hablar con tres productores de seguido. Comencé con Gnarly Head Cellars y prové dos de sus vinos: El Old Vines Zinfandel 2011 y el Cabernet Sauvignon 2010. Nuevamente, vinos de precio accesible en menos de $20.   Nunca he sido el mayor fanático de los Zinfandel.  Aprendí que eso era a consecuencia de no haber probado mejores vinos y crear conclusiones a base de data incompleta (todos cometemos esos errores pero lo importante es no permitirnos caer en nuestras propias trampas y cerrarnos las puertas a probar nuevas oportunidades).  El Zinfandel que probé era uno de viñas muy viejas, lo que permite la obtención de uvas llenas de sabor.  Este vino se mostró agradable, ligero, delicado y algo que estaría dispuesto a comprar sin pensarlo dos veces.  El Cabernet era pimentoso (como me gustan) pero no era pesado, sino al contrario, un tanto ligero e interesante.  Nada de complejidad.  Creo que estuve uno diez minutos hablando con Scott Montgomery, gerente regional de la marca, sobre la Zinfandel, el terreno de California y el mercado de vinos de Puerto Rico.

Seguido de ahí brinqué a probar los vinos de Seghesio.  Allí, según las recomendaciones de Patrick Burke, comencé con el Sonoma Zinfandel 2010 y luego seguí con el Cortina Zinfandel 2009.  Esto ya que en la búsqueda de probar vinos pimentosos, estaría probando de menor a mayor cantidad de pimienta y así mismo fue.  El Sonoma se podía comparar con el Gnarly más sin embargo costaba el doble.  El Cortina era un vino más metódico en su composición, bien intenso y no a todo el mundo ha de gustarle un vino así.  Afortunadamente para mí, yo lo disfruté.  Los vinos de Seghesio rondan entre los $25 y los $45 dólares.

Por último en esta trilogía de minúsculas tertulias me detuve en la mesa de Duckhorn a hablar con su representante, Patrick Burke, porque mira qué mucho me habían hablado de estos vinos.  La mesa estaba bastante concurrida por lo que me limité a probar el Duckhorn Napa Cabernet 2010, cuyo precio está casi en los $70 dólares.  Definitivamente esta era la sección de la pimienta. Otro vino cuyo aroma y gusto a pimienta se apoderan de uno.

Luego de una pausa de agua, tomar algunas notas y encontrarme con algunos amigos e intercambiar opiniones y recomendaciones de qué mesas visitar, me dirigí a la mesa de Bodegas Trus. Allí me encontré con un vinatero muy conocido, Juan Carlos Martínez Baños, quien hiciera su nombre trabajando con Arzuaga por muchísimos años.  Sin embargo, desde hace un tiempo trabaja como enólogo ejecutivo de Trus, poniendo su estampa en estos vinos. De aquí probé los dos vinos que tenían: El Trus Crianza 2010 y el Trus Reserva 2006. El crianza estaba excelente para un vino de ese renglón.  De esos pocos crianzas que uno puede poner a competir con vinos más elaborados.  Agradable sin complejidades.  Juan Carlos sacó el Reserva luego de hablar un rato y ver que teníamos personas en común, entre ellos a Eduardo Arosemena, mi amigo y socio en PR Wine News, y mi padre, el Dr. Somohano, quien es muy amigo de Martínez Baños desde mucho antes que yo pudiera diferenciar entre uvas.  Este reserva tenía gran cuerpo y elegancia y se notaba la cantidad de tiempo guardado y de la atención recibida.

Acto seguido cruce el salón completo y decidí ir a probar grandes vinos con reputación y trayectoria. Empecé con Grgich Hills, unos vinos que a lo largo de los años han dado de qué hablar y han creado una marca única.  El nombre Grgich, para aquellos que conocen del Juzgado de París del 1976 organizado por Steve Spurrier, más allá de lo que presenta la película Bottle Shock del 2009, sabrán que Mike Grgich era el enólogo contratado por Joe Barret en Chateau Montelena donde crearon el Chardonnay que llegó en primer lugar.  Luego de esto se distanciaron y Mike creó su viñedo recibiendo bien merecidas loas por su trabajo. De los vinos que presentó sólo probé el Cabernet Sauvignon Estate 2009 con un costo mayor de $75 (no son vinos económicos).  Era un vino joven, con bajos taninos, un post gusto prolongado, pero todavía demasiado joven.  Se nota que el vino puede aguantar mucho más hibernando para estallar en nariz y boca en un par de años.

Próximo me detuve en la mesa de los vinos de Robert Mondavi, donde Shari Lobbo me habló sobre la celebración de los 100 años de Robert Mondavi (1913-2013) y hablamos sobre la tradición de sus vinos, el alcance de la marca a través del mundo y la calidad con la que trabajan. Entre los vinos que tenían solo me limité a probar el Napa Pinot Noir 2009 valorado entre los $30 y $40 dólares.  Fue un vino ligero, sutil y gustoso en boca. Un vino que define el rango donde se encuentra. Claro, también tenían vinos más baratos y más costosos pero  este vino estuvo muy bueno.

Ya mi estómago hacía señas de que debería ir considerando una pausa cultural para reponer las energías necesarias próximamente, pero no sin antes pasar por la mesa donde estaba Belle Glos y Caymus Vineyards. Estos dos vinos tienen una raíz en común en la familia Wagner aunque son trabajados de formas distintas.  Primero probé el Caymus Napa Cabernet 2011 el cual ya es considerado un vino costoso de cerca de $100 la botella.  No en balde; es un vino delicado, con acentos de dulzura en boca pero en nariz se mantenía cerrado (quizás estaba muy frío).  Me parece que el hecho de que no fuera muy expresivo no quería decir que no se percibiera el carácter de este vino. Parecía como un monstruo durmiente esperando su momento triunfal para desarticular a los no creyentes de su poderío  gustativo. El Belle Glos, aunque había escuchado mucho de su calidad, no lo había probado. No sería hasta semanas después que probara un Las Alturas 2010 que quedé deslumbrado.  Pero este día probé el Dairyman Pinot Noir 2012.  Aunque no dejó la impresión (que luego dejó Las Alturas) en mí, sí puedo comentar que era suave, con una rica nariz y una explosión de sabores en boca y con intensidad en su final. Unos acentos de regaliz marcados lograron que fuera uno de los mejores vinos de la noche.

Luego de un ligero paseo por el área de piscolabis y comida, que estuvo muy variada entre su selección de quesos y jamones y las distintas estaciones de comida, regresé rumbo a unos españoles más tradicionales.  En el área de Bodegas Alejandro Fernández, probé tres de los vinos que allí tenían. El Dehesa la Granja 2004, El Vínculo Crianza 2005 y el Tinto Pesquera Crianza 2010. El rango entre estos tres va desde $25 a $50 dólares.  Vinos buenos, sólidos pero sólo el Pesquera Crianza me inmutó por su mineralidad y frutas presentes.

De ahí brinqué al área de Arzuaga Navarro. Al llegar le indiqué a la joven que me sirviera el que entendiera era el primero que debía probar de los varios que tenían abiertos. Sin lugar a dudas me sirvió un buen vino de post gusto imponente e intenso con mucha presencia de barrica. Mi único inconveniente con esto fue que me empezó con el Gran Arzuaga 2009 (precio regular $249) y se me hizo un tanto difícil regresar a los demás vinos de menor guarda.  El único otro que probé que también estaba como él quería fue el Gran Reserva 2004. ¿Por qué tanto énfasis en los vinos más caros y no combinar entre los más accesibles y estos poderosos Goliats? Sabrán los que manejan la marca aunque sabemos que mercado para ellos en Puerto Rico hay.

Para dar un poco de cambio al paladar decidí pasar por la mesa de Laurent-Perrier y probar un poco de burbujas. Tenían los clásicos reconocidos pero nunca había probado el Laurent-Perrier Brut. Aunque es un champán clásico y elegante, tengo que decir que me quedaría con el Demi-Sec  y el Cuvée Rosé.

De ahí di un brinco a uno de mis favoritos en Alsacia: Maison Trimbach. Mi parada aquí no fue para probar algo nuevo, sino para refrescar mi paladar con su Gewurztraminer 2009 y su Riesling 2010 en precios menores de $30.  Alsacia es uno de esos lugares a los cuales ansío visitar. Por un lado están creando un parque de atracciones de Le Petit Prince, un libro con valor personal profundo y por el otro lado es donde ubica la casa de Trimbach. El Gewurztraminer un tanto dulzón mientras que el Riesling contaba con una personalidad más seca. Ambos permanecen en mi lista de vinos que sigo comprando.

La última parada antes de retirarme por el día fue en la mesa de Vision Cellars. Allí, un hombre muy pintoresco con sus “overalls” y sombrero de paja, voz alta y acento particular, hablaba sobre sus distintos Pinot Noirs.  Su nombre es Mac y su pasión es contagiosa. Tuve la oportunidad de probar dos de sus vinos: Sonoma County Pinot Noir 2011 y el Chileno Valley Pinot Noir 2008 (ambos entre $30 y $40 dólares).  Los demás llegaban hasta los $70 dólares.  De los dos, el primero fue el que mejor impresión me dejó.  Dulce, elegante y sedoso. El segundo no es que no me gustara pero el primero lo dejó mirando por el espejo retrovisor.

Sin lugar a dudas hubo muchos grandes vinos que no alcancé a probar y muchos desconocidos a los cuales no les levanté el velo del anonimato, pero algo importante en estas actividades también es saber cuando detenerse. Es tan importante como saber pasarla bien estando solo o en grupo.  Igual, el próximo año ya tendré una mejor idea de cómo se lleva la actividad y espero tener notas más detalladas y un mayor volumen de experiencias con vinos nuevos, previos y recurrentes en mi carta personal de vinos.

Y usted que nos está leyendo, ¿Participó de la actividad? Comparta con nosotros su experiencia, lo que probó, lo que le gustó, lo que descubrió.

*Para más información de alguno de los vinos mencionados puede comunicarse directamente con Plaza Cellars.

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