Carpe VinumVinos

El Priorato es el caos descifrado y es también el vino de Batman

Quienes me conocen saben que no soy jactancioso o presumido, pero me atrevo a decir que soy el primer bloguero de vino, o de cualquier otro tema, que suma en una misma oración a Batman y a José Saramago.  Que por esas peripecias de la imaginación convoca al superhéroe trágico, vigilante de la noche de Ciudad Gótica, y al laureado novelista portugués, premio Nobel de Literatura en 1998.  Lo hago dentro del contexto de los vinos del Priorato, ubicado en el noreste de España.

No me cabe la menor duda de que si Batman tomara vino, sus predilectos serían los caldos de dicha región.  Como el hombre murciélago, que es parte de nuestro colectivo social y del folclor moderno  hace varias décadas, estos vinos resultan algo misteriosos y oscuros.  Son grandes, sufridos, golosos, llenos de tragedia y agonía.  Son producto de un caos que en Tarragona han sabido descifrar.  Esto me lleva al genial novelista portugués.

José Saramago planteaba en su novela, “El Hombre Duplicado”, que el caos es un orden por descifrar.  Desde luego, es una frase lapidaria, que sirve como una bofetada de realidad, de lo cotidiano y complejo que resulta ser este siempre y elusivo presente en el que vivimos.  En mi estima, también dicha frase nos enseña que todo lo que está encima de la tierra y debajo el cielo tiene una razón de ser, un propósito, incluyendo lo ininteligible, lo inconexo.  El Priorato, su lucha, sus tierras olvidadas y remotas, sus vides que luchan por subsistir no son la excepción.

El suelo del Priorato, su complejísima orografía, donde las cepas compiten por llegar a lo más profundo de la tierra, a la vez que crecen en condiciones inhóspitas, es en cierta medida un caos que se ha venido descubriendo y descifrando a sí mismo por siglos, desde las primeras plantaciones de uvas por parte de monjes cartujos hasta el presente, matizado desde las pasadas dos décadas por los revolucionaros vinateros y bodegueros que junto a tantos otros han podido ordenar un poco una realidad topográfica a la que pocos apostaban como capaz de producir vinos de calidad.

Pocos apostaban a ella, en parte, porque discurrimos por un mundo híper-mediatizado y sobre calificado, repleto de ratings y auto-proclamados expertos donde, en materia de vino, fuera de la Cabernet, el Pinot Noir y la Chardonnay hay poco espacio para otros varietales.  En el Priorato, repleto de colinas y empinadas difíciles de vendimiar, donde la modernidad, algunos dicen, no ha llegado, y tal vez nunca llegue, se sigue recogiendo la fruta a mano, con ayuda de mulas y cientos de hombres y mujeres orgullosos de su suelo, de ser lo que son, de su pasado y, por supuesto, de su futuro, vinculado para siempre con sus raíces catalanas. Sus vinos, por qué no decirlo, representan su identidad y ese carácter valiente, indomable y arrojado que les caracteriza.  Su tierra, sus parajes rocosos, repletos de suelos pizarrosos donde abunda la famosa llicorella de la zona son, ya lo sabemos, capaz de producir vinos que compiten con los mejores del mundo.

Éstos se conocen ya hace un tiempo en Puerto Rico.  Nuestra isla, la que mantengo y defiendo hasta la muerte como un paraíso para el consumidor de vino por la abundancia de etiquetas de todo tipo de precio y calidad, ha recibido lo mejor que esta zona puede ofrecer.  Clos Erasmus, L’Ermita, Finca Dofí, Clos Mogador, Doix, Clos Martinet, por nombrar algunos, son vinos que hace ya un tiempo están disponibles para el consumidor boricua.  No obstante, de la mano de un joven abogado puertorriqueño al timón de una empresa nueva y del patio, nos llegan unas nuevas etiquetas de esta región.  Etiquetas que para mí, sin ofender a nadie, representan un poco ese Priorato que no es tan comercial, sino que es más bien artístico, espiritual, místico, como la famosa Scala Dei que adorna la insignia de la Denominación de Origen Calificada (DOCq en Catalán), que de paso es solamente la segunda en España, junto a la Rioja, significando su calidad de primer orden.

José Aníbal Santos, oriundo de Corozal, colega abogado y quien está admitido a ejercer la práctica de la profesión en España y Puerto Rico y es actualmente candidato a obtener su Doctorado en Derecho de la prestigiosa Universidad Ortega y Gasset, es la persona detrás de Wines Barcelona, una empresa del patio que acaba de arrancar con una abarcadora oferta de vino, arte, historia y cultura para el disfrute del consumidor puertorriqueño y quien es el responsable de traer a nuestras costas los vinos objeto de esta nota.

Como tantos otros jóvenes profesionales que buscan mejorar sus destrezas capacitándose en el exterior, José Aníbal partió con destino a Salamanca hace 12 años.  Según nos cuenta, una vez llegado a España, su conocimiento en materia de vino era poco o ninguno.  Fue en unos comedores cercanos a la Universidad de Salamanca, donde cursaba estudios, que por una cantidad semanal tenía acceso a almuerzos y cenas que, naturalmente tratándose de la Madre Patria, tenían su dosis de pan y vino.  Allí, en gran medida, es que nace una pasión por la gastronomía y por los vinos españoles.

Luego su carrera lo lleva a Cataluña, región donde ubica el Priorato, en donde realmente afina y expande sus conocimientos en la materia.  Cursa estudios de cata con David Seija, conocido sumiller, se entrena con Lluis Manuel Barba, otro experto del tema, y de a poco va dando forma en su cabeza a la posibilidad de traer parte de las riquezas de la región a la tierra que le vio nacer.  Pero, ojo, aquí nada fue espontáneo o casual, producto del azahar u obra de los astros y las estrellas.

Antes de haber invertido un centavo en adquirir vinos para importación, ya José Aníbal tenía el mercado boricua, al igual que el del sur de la Florida, estudiado de rabo a cabo.  De hecho, en el tiempo en que yo llevo expuesto al mundo del vino, donde he tenido la fortuna de conocer sumilleres, enólogos, coleccionistas, bodegueros, vendedores, entre tantos otros, jamás conocí alguien tan cerebral en su acercamiento a la cultura del vino.  José Aníbal estuvo cerca de 4 años indagando, escudriñando, volteando piedras y rebuscando escondrijos para analizar qué productos eran los adecuados, si algunos, para insertar en el mercado del patio.  Su computadora, y su cabeza, es una colección de data y datos, cifras, estudios, proyecciones, estimados de consumo.  Claro, bastante le ayuda su entrenamiento como abogado de empresas dedicadas a analizar sectores de la agricultura y, claro está, su especialidad en derecho internacional.

Una vez decidió dar el paso al frente en lo que tal vez fue un riesgo calculado, José Aníbal adquirió cientos de botellas de vinos de bodegas del Priorato que trajo en un par de maletas para darlas a conocer a sus amigos y familiares en Puerto Rico.  El veredicto fue unánime, los vinos que había conseguido para nuestro mercado, en gran parte gracias a su relación personal de amistad con bodegueros y enólogos de la zona, tenían el visto bueno del paladar puertorriqueño. Paladar que sabemos gusta mucho de vinos robustos, grandes, con buena carga de fruta.  De esos, como dije, se tomaría Batman en la baticueva en una noche lluviosa.  Y, por supuesto, ayuda que 1 de cada 3 botellas de vino que se compran en la isla son vinos españoles.   Así, con paso precavido y paciente, es que en el mes de octubre de 2012 arranca la aventura de Wines Barcelona.  Al momento la empresa importa 20 etiquetas de vino que rondan los $20 a los $90 dólares por botella.

De la mano de José Aníbal, junto a su hermano Pedro, quien trabaja en la empresa, nos dimos cita en Tinto y Blanco en Guaynabo, tienda que tiene para la venta los vinos objeto de esta nota.  Probamos seis vinos del Priorato.  A continuación, mis impresiones.  Como saben, provienen de un consumidor, como la mayoría de ustedes.  No soy experto, ni quiero serlo.  Me gusta aprender todos los días.  Para más información sobre cómo adquirir los vinos de Wines Barcelona entra a www.winesbarcelona.com y visita su tienda en línea, la misma que conviene destacar es pionera en su clase ya que toda la transacción de la compraventa del vino se hace por computadora, sin intervención humana y con entrega a domicilio.

Los vinos:

Noster Templari, 2006, (Bodegas la Perla del Priorat, 60% garnacha, 25% cariñena, 10% cabernet sauvignon, 5% syrah)

Fruta madura, regaliz, chocolate amargo y fino, jalea.  Grande en boca, taninos que amarran la boca completa.  Paladar cautivo de un guante de moras.  Mejorará con el paso del tiempo.   $45

Noster Inicial, 2008, (Bodegas la Perla del Priorat, 70% garnacha, 25% cariñena, 5% cabernet sauvignon)

Nariz menos complicada que el Templari, pero sin dejar de ser compleja.  Mucha mora, notas tostadas, cacao.  Salida de boca secante.  Ha gustado mucho en el mercado local y por $30 es una gran compra.  Accesible para tomarse desde ya.

Clos Abella, 2005 (Bodega Marco Abella, 40% garnacha, 40% cariñena, cabernet sauvignon y syrah)

Oscuro, licoroso, mucha mermelada caliente, anís, higos pasados en almíbar.   Es, sin lugar a dudas, el típico vino que cumple aquel adagio de que es un “puño de hierro en un guante de seda”.  Vino elegantísimo de inmenso poder, con taninos que enamoran e invitan a reflexionar.  No es un vino casual, es un vino digno de la Scala Dei de la DOCQ, espiritual, divino.  Pronto llegará a Puerto Rico.  Su precio debe rondar los $90.

Además, el Clos Abella es un vino bio-dinámico que se hace siguiendo tradiciones y métodos típicos de la región como la de aplicar pelo de cola de caballo en la tierra alrededor de las vides tres días antes de la luna llena (esto amerita una columna separada!).

Abellars, 2007 (Bodega Noguerals, 50% garnacha, 25% cariñena, 15% cabernet y 10% syrah)

Presencia de hierbas como el romero, el tomillo, la fruta confitada, el cacao en su estado natural, higos maduros. Obtuvo la medalla de oro en Suiza.  En España ronda los $60.  Wines Barcelona lo tiene a la venta por $38.  Su logo representa el colmenar del viñedo, congelado y frondoso a la vez, que dramatiza un poco los contrastes climatológicos de la zona del Priorato, donde se experimentan inviernos gélidos y veranos de calores casi insoportables, idóneos para la maduración de la fruta.

Mas Mallola, 2007 (Bodega Marco Abella, 45% garnacha, 40% cariñena, 15% mezcla de cabernet y syrah)

Coupage clásico de la región, potente, mucha carga frutal, con eucalipto, hierbas, grosella, anís, especiado.  $50

Loidana, 2007, (Bodega Marco Abella, mezcla de garnacha y cariñena con algo de cabernet sauvignon)

Notas ahumadas, menta, regaliz,  es graso, untuoso, grande en boca, con fruta roja caliente, lista para un relleno de tarta.  Es un vino que por un poquito se muerde en lugar de tomarse.

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