Vinos

Finca Decero: una suma de detalles (2° parte)

Una vez que recorrimos toda la bodega, pasamos a la sala de degustación donde el enólogo Marcos Fernández nos esperaba con los decantadores ya listos. Con el imponente fondo del Cordón del Plata nevado probamos todos sus vinos.

Empezamos con la línea Decero Clásicos ($104), compuesta por un Syrah, un Malbec y un Cabernet Sauvignon. Todos estos vinos tienen una crianza de 14 meses en roble francés (30% nuevas) y fermentación maloláctica en las mismas barricas.

Decero Syrah 2010. Muy expresivo en nariz, mineral (grafito) y elegante. En boca una justa acidez que le aporta mucha frescura y un largo final graso.

Decero Malbec 2011. Buena intensidad de aromas donde abundan la fruta madura (ciruela, frambuesa) y las violetas. Al beberlo es equilibrado, con taninos marcados y dulces, buena acidez y largo final.

Decero Cabernet Sauvignon 2011. Sus aromas recuerdan a la cereza y la pimienta roja o aguaribay. En boca tiene buena estructura, con taninos marcados pero no secantes y sensaciones que perduran.

Todos los vinos de esta línea tienen una buena expresión varietal y un precio acorde. Saben a lo que son, sin dejar de tener su propio estilo. Es decir, tienen buena tipicidad o varietalidad con toques de personalidad que no buscan disfrazarse. Son esos pequeños detalles de los que venía hablando en la nota anterior. A medida que avanzamos en sus líneas de vinos esos detalles son más y logran un panorama de conjunto distinto. En ese sentido es imperdible su página web, donde hay información técnica de cada añada.

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La segunda escala en la degustación eran las Mini Ediciones, una línea que esperamos que siga creciendo, pero que se caracteriza por pequeñas partidas de cepas excepcionales. Estos vinos son criados por 18 meses en barricas francesas (50% nuevas) y tienen un valor de alrededor de $180.

Decero Mini Ediciones Petit Verdot 2009. Este no estaba en la lista, pero Marcos lo agregó a pedido de @fsaurio de Logia Petit Verdot que estaba junto a nosotros vía Twitter. Acá aparece la fruta negra como el arándano, mermeladas y toques mentolados. Un vino con una estructura más importante que los anteriores y con más cuerpo.

Decero Mini Ediciones Petit Verdot 2010. Qué bueno haber podido tener estos vinos uno junto al otro. Porque hay diferencias entre las dos añadas. Este 2010 tiene una acidez más alta, con aromas mentolados más intensos y una nota de jazmín.

Las Mini Ediciones (por ahora solo de PV, pero hacemos fuerza por un Tannat) son vinos que cualquier bodega pondría como un vino ícono. Sobresalientes en más de un aspecto, contundentes y llenos de sutilezas. Vale aclarar que las sutilezas, como esas notas florales tan esquivas, no se logran por azar. Hay atrás de cada detalle un trabajo minucioso del enólogo.

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Para cerrar la cata llegamos al verdadero ícono de la bodega: Decero Amano ($360). Un vino cuidado hasta el extremo, donde las uvas pasan por cuatro procesos de selección manual grano por grano y luego son criadas 20 meses en barricas nuevas. El corte varía año a año, pero la mayor parte corresponde al Malbec (60-65%) y al Cabernet Sauvignon (30-35%) con toques menores de Petit Verdot y Tannat.

Decero Amano 2009. Un vino más concentrado, sin perder la elegancia. Claramente muy complejo, con una amalagama de frutas rojas y negras, más toques florales y de la madera (¿sándalo?). Muy importante por su presencia en boca y con un final largísimo. Robert Parker lo calificó con 94 puntos.

Decero Amano 2010. Similar al anterior, pero más floral, con la fruta muy expresiva y una acidez apenas mayor que lo vuelve más filoso y elegante. Va a crecer mucho con la guarda.

El trabajo puesto en los Amano es increíble. El trabajo en el viñedo, la selección de granos, el juego con las distintas barricas, la esmerada labor con los cortes lo vuelven un vino único.

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Después de tanta orgía de vinos nos fuimos a comer al pequeño restaurante que tiene la bodega, donde el chef Matias Podestá ofrece un menú breve, pero suculento. De entrada elegimos Pan a la plancha con peras frescas, jamón crudo y queso azul y Crema de calabazas horneadas, manzanas sartenadas y pistachos de Agrelo. Como principales pedimos Lomo albañil con chimichurri casero y papas y Cerdo marinado en reducción de Decero Syrah con membrillos, batatas y cebollas. Todas estas creaciones van cambiando según la estación del año, pero hay que remarcar lo acertado de la combinación de sabores y texturas. Cada plato es un equilibrio en sí mismo y marida a la perfección con los vinos de la bodega.
Entre tanto vino concentrado hasta la locura y el hastío, Finca Decero propone una elegancia única y una calidad que se distingue desde el primer sorbo. Apuntan a la excelencia y eso se siente en cada detalle. No quiero ser redundante con el tema, pero la constancia en el trabajo que me transmitieron, el cuidado meticuloso y el respeto por el terruño y su gente terminan haciendo grandes vinos. “Obsesión casi asnal”, dirá el gran Pedro B. Palacios, porque no es el azar, aquí no juega eso, todo es producto del trabajo del hombre para romper “las garras de la suerte…”

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