Carpe VinumVinos

Vinos de Hungría

OLYMPUS DIGITAL CAMERA¿Qué es lo primero que se nos viene a la mente al pensar en Hungría?  ¿País de la antigua Europa comunista?, ¿tierra de duros inviernos donde ni siquiera sabemos el idioma que se habla?  Para la mayoría de los amantes del vino, Hungría representa una sola cosa: Tokay o Tokaji.  Este delicioso néctar dorado hecho con uvas afectadas por la podredumbre noble y la rigurosidad del invierno europeo.  Antiguamente, los vinos dulces de Tokaji eran tan cotizados y su demanda tan alta que se libraron batallas en su nombre e, incluso, se intercambiaron esclavos meramente por obtener este delicioso caldo.  Muchas de sus etiquetas llevan impresa la siguiente máxima: Vinum Regum Rex Vinorum, que quiere decir vino de reyes, rey de los vinos.  Aquel que no los haya probado debe hacerlo pronto.  Es una gran experiencia, se los garantizo.

Ahora bien, aparte del Tokaji, jamás imaginé que Hungría pudiera producir vinos de mesa, o tranquilos, de calidad.  Pensé que su clima no permitiría llegar a ese grado de maduración que requiere, por ejemplo, el Cabernet Sauvignon, el Merlot o la Syrah.  De hecho, hace unos días cuando me invitaron a una cata de vinos de Hungría y me dijeron que habríamos de catar un par de vinos tintos pensé que los mismos serían aromáticos, diluidos, aguados. En fin, de poca calidad.  ¡Qué equivocado estaba!

En lo que concierne a la disponibilidad de vinos de diferentes partes del mundo, no cabe duda que Puerto Rico es un paraíso.  Nuestras tiendas especializadas y aquellas multinacionales con presencia en la isla cuentan con una variedad inmensa con las mejores etiquetas de Francia, Italia, España, Alemania, Estados Unidos, Chile, Argentina, Australia, Nueva Zelanda, por nombrar los productores más importantes del mundo vinícola.  Hoy podemos decir que Hungría se suma a la lista de los países cuyos vinos podrán compartirse y degustarse en la mesa puertorriqueña.  Ello gracias a una empresa local, Hungaricum (que quiere decir, oriundo de Hungría) timoneada por una pareja compuesta por un abogado puertorriqueño y una experta en hotelería,  natural de Hungría.

El punto de encuentro para la cata de los vinos importados por Hungaricum fue un restaurante en Guaynabo.  Siguiendo el orden acostumbrado, que dicta que se toman los vinos blancos antes que los tintos y los tintos antes que los vinos de postre o fortificados, comenzamos una sesión de tres horas de duración de la que saldría realmente asombrado por la calidad de los vinos húngaros y su inmenso potencial de desarrollo.  ¿Lo mejor de todo? que los vinos ya están disponibles en nuestra isla.

Los vinos catados:

Blancos

Pannon Tokaji 2009, 100%, Muscat Lunel

Este vino blanco presenta una nariz sumamente aromática donde destacan los aromas a durazno, albaricoque, manzanilla, lichi (fruta japonesa).  Su acidez en la boca es marcada, pero la misma se encuentra muy bien balanceada con su fruta.  Al no pasar por madera, es un vino que se siente ligero al paladar. Es un compañero perfecto para acompañar sushi, comidas orientales, quesos.  Lo puede servir como aperitivo en su próxima reunión.  Aquellos que sean fanáticos del Torrontés argentino o del Albariño español van a disfrutarlo.  El año pasado fue seleccionado como un best buy en Hungría.
Pannon Tokaji, Dominium 2011, 100%, Furmint

Este vino blanco reposa durante 6 meses en madera.  Es elegante desde el primer momento.  Destacan las manzanas verdes recién cortadas, miel y alguno que otro elemento tostado.  Su acidez genera un efecto que limpia y recoge el paladar.  No es un vino de ataque en boca, sino más bien de caricias a los sentidos.  Al final se percibe un ligero elemento salino que amarra perfectamente la experiencia.  Aquellos que gusten los vinos blancos de Borgoña, particularmente aquellos con matices minerales como los Chablis, tendrán una muy grata experiencia con esta botella.  Recomiendo acompañarlo con un filete de atún o de rodaballo en alguna salsa a base de crema blanca.

Pannon Tokaji, Dominium 2011, 100%, Hárslevelű
Este vino blanco pasa 4 meses en  barrica.  La primera impresión en nariz es de frutas tropicales como el guineo, el mango, compota de manzana, albaricoques en almíbar.  Tiene una acidez sensacional que invita a comer.  Asimismo, posee notas minerales que le hacen semejante a muchos otros grandes vinos del viejo continente.  Lo pondría junto a comida oriental, tailandesa, con salsas especiadas.

Tintos 

Gere, Tamás & Zsolt, Villányi, 2007, Pinot Noir

De entrada hay que destacar que la región de Villány, ubicada en la frontera entre Hungría y Croacia, es la más apta para la producción de vinos tintos.  Ello, en gran medida y tal como lo reseñara hace unos meses la prestigiosa revista inglesa de vinos, Decanter, obedece a que esta zona se mantiene relativamente cálida gracias a las colinas que le rodean y que le protegen de las corrientes frías.  Su suelo rocoso y volcánico es ideal para las cepas tintas.

Este Pinot Noir se presenta con una nariz elegante con matices de cerezas, especias, algo de elementos de tierra húmeda.  No se parece a ningún exponente de este varietal que haya probado antes, particularmente los de Oregon, California, Chile, Nueva Zelanda o Australia.  Lo describo como un cruce entre Borgoña y la Toscana, algo así como un hijo producto de una relación entre Beaune y Chianti.  Tiene una acidez marcada y, al mismo tiempo, controlada y en armonía con sus taninos.  Para quienes están acostumbrados a los vinos concentrados y, en ocasiones, desproporcionados en madera y fruta, probablemente no les guste esta expresión de Pinot Noir.  Me parece un gran complemento para un salmón o unas mollejas a la parrilla. Su graduación alcohólica de 14% está perfectamente manejada.  Nada fuera de sitio en este vino.  Si peca de algo, es de ser demasiado elegante.

Gere, Tamás & Zsolt, Villányi, 2007, Merlot

En nariz tiene notas de jalea de frutas rojas, chocolate amargo, te, cedro, romero.  Hecho al estilo francés del flanco derecho de Burdeos donde la Merlot es la uva emblemática, me parece un vino genuino y honesto con su terruño.  En boca es aterciopelado, con una buena integración de fruta y madera.  No trata de ser un merlot californiano o chileno.  No tiene por qué serlo.  Con su 13.5% de alcohol por volumen logra su cometido, que no es otro que brindar placer a quien lo disfruta y, por supuesto, como parte de una mesa llena de amigos y familiares, que es la razón de ser del vino.  Para el maridaje, un risotto de setas le haría muy buena compañía.

Gere, Tamás & Zsolt, Villányi, 2008, Cabernet Franc

Probablemente, de los vinos tintos, el gran ganador de la noche.  La nariz es escandalosamente francesa, inspirada a partir de los mejores caldos de Pomerol y Saint Emilion.  Es un carnaval de pimientos verdes, grano de café molido, algo de cáscara de guineo, tierra arrastrada por el viento.  La boca es cremosa, especiada con taninos sedosos, que se asemejan a la seda; mejor dicho, a la cachemira.  Junto a un Cabernet Franc argentino de Carlos Pulenta, esta expresión húngara es el mejor cabernet franc, cien por ciento, que he tomado en mi vida.  Los fanáticos de los vinos de Burdeos lo ordenaran por caja.  Únicamente se producen 2,900 botellas cada año.  Sugiero acompañarlo con cordero, venado o con un buen New York steak o Prime Rib, término medio, por supuesto.

Gal Tibor Superior, Egri, Bikaver (“Bull´s Blood”), 2009, 42% Kekfrankos, 29% Syrah, 15% Cabernet Sauvignon, 8% Kadarka y 6% Pinot Noir

Un vino curioso del saque.  Como cuestión de hecho, de entrada va a ser diferente a cualquier cosa que hayas probado por razón de que 2 de sus uvas son autóctonas de la región.  Se produce desde el siglo 14 y se le llama “sangre de toro” porque la leyenda narra que de esa manera los nativos espantaron a los soldados otomanos cuando en 1552 invadieron el territorio húngaro.  Al llegar aquéllos y ver a los soldados húngaros con las barbas rojas de beber vino, se les dijo que, en preparación para la batalla, éstos habían bebido sangre de toro.  Espantados, los otomanos huyeron.

Conocido como el Chateauneuf du Pape húngaro, el vino presenta notas de eucalipto, mentol, jalea de fresas, moras, vainilla tostada.  Es poderoso sin ser agresivo.  Elegante, los taninos no interfieren con la fruta.  Su nariz varía con el paso de los minutos adquiriendo notas de hierbas y especias frescas.  Aquellos que gustan de vinos del Ródano, o de las garnachas jugosas y cálidas de ciertas zonas de España y California le darán buena acogida en sus cavas.

Vinos de Tokaji

De entrada conviene señalar que la zona de Tokaji es la denominación de origen más antigua del mundo, más antigua que Burdeos, Chianti o el valle del Mosela.  Sus vinos fueron, son y seguirán siendo manjares preciados para quienes tienen la dicha de degustarlos.  Probar un Tokaji es una experiencia inolvidable.

Tokaji, Cuvee Late Harvest Quality Sweet White Wine (Dominium) 2006

En nariz presenta pasas rubias, miel, duraznos.  Cremoso, con buena dosis de acidez que hace tolerable su azúcar natural.  Puede servirse con el postre o, incluso, sustituirlo.  Asimismo, puede brindarse junto a una bandeja de quesos o, como sería el caso en Budapest, junto a un buen pate de foie gras.  Si nunca han probado el Tokaji, este vino es un buen punto de partida para comenzar.

Tokaji, Aszu Puttonyos White High Quality Dessert Wine (Dominium) 2004

Nariz potente, explosiva y, a la vez, elegante.  Sedosa, cremosa, como sugiriendo miel, peras, mandarinas caramelizadas.  En boca es redondo, goloso, aceitoso, sin ser apabullante. El final en boca es amplio, largo, inolvidable.  Es, sencillamente, un vino que tiene que ser probado para creer lo que les narro.

En resumen, todos los vinos fueron de alta calidad tomando en consideración su composición varietal, máxime cuando sobrepasaron cualquier expectativa o prejuicio que pudiera haber tenido sobre los vinos de la región.  Los blancos secos se mostraron elegantes, sobrios, aromáticos, minerales, con una acidez impecable.  Idóneos para nuestro clima.  Los tintos, como les comenté, nada tiene que envidiarle a sus contrapartes en Francia, región de donde surgen las uvas de las que están hechos.  Son vinos elegantísimos, suaves al paladar, con un paso por boca que denota la nobleza de sus uvas.  Finalmente, los Tokaji del postre, como indiqué en mi página de Facebook para entusiastas del vino, Wine News, no es otra cosa que poesía embotellada.  Bien lo decía el genial poeta chileno, Pablo Neruda, al homenajearles: “Doy al tokay translúcido la copa de mi canto: cae, fuego del ámbar, luz de miel, camino de topacio, cae sin que termine tu cascada, cae en mi corazón, en mi palabra.”

Para información de estos vinos y su disponibilidad en Puerto Rico: www.hungaricumllc.com, rey.reyes@hungaricumllc.com, 787-998-0330

Previous post

Rissoto de ajos rostizados y chorizo

Next post

Microbodega Versos: fruto del tesón de un emprendedor.

No Comment

Leave a reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>