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Ruinart

Desde tiempo inmemoriales, emperadores, gurreros, filósofos y maestros han empleado una forma de vivir la vida a partir del concepto del festina lente, que no es otra cosa que, si la traducción lo permite, “vivir con urgencia, pero sin prisa”. Algo, tal vez, análogo a la famosa frase de Napoleón Bonaparte cuando, perfeccionista y puntual hasta el extremo, le dijo a uno de sus edecanes, “vísteme despacio, que tengo prisa”.  Uno de los símbolos que captura el concepto del festina lente, visible en los palacios de los Medici en la toscana italiana, es una tortuga, animal lento y sabio con oído en tierra que, a su vez, va impulsado por un vela expandida por el viento.  Festina lente bien podría ser uno de los lemas de la casa de champaña Ruinart, representada en Puerto Rico por Méndez y Compañía.

Ruinart es la casa más antigua de champañas en Francia.  Su fundación data del 1729 y sus cavas, que se extienden hasta 35 metros por debajo de la superficie de la bodega que ubica en Reims, en la ciudad de Champagne, se remonta a la época de los romanos.  La bodega produce vinos de inmensa elegancia y textura.  Aunque provienen de una bodega pequeña, en la que sólo trabajan 50 personas-lo que la hace diminuta en comparación con otras casa de champaña de la región-, se han dado a conocer a nivel mundial por la inmensa calidad de sus productos.  Vinculada desde hace mucho tiempo a las artes, Ruinart es sinónimo de elegancia, de vivir la vida con serenidad, sin hacer mucho ruido o aspaviento de lo material.  Ruinart es, como debe ser, un tributo al placer de tomar vino-en este caso, champaña- por lo que es; un momento para relajarse, contemplar la vida, disfrutar de esos pequeños instantes que siempre resultan ser los más memorables.

Ruinart no busca la primera plana.  Su calidad habla sin necesidad de estruendos.  Desde sus botellas, que son las originales desde que la champaña se comenzó a embotellar-algo en lo que también fueron precursores y que las distingue de las otras marcas- hasta sus apuestas por integrar la champaña al despertar de los sentidos, Ruinart es mucho más que una “brand”, un logo o un producto comercial.  Es, sin lugar a dudas, un puente entre el presente y toda la gloria de esa Francia que tanto le ha dado a la humanidad.

Como parte de esa importantísima interacción entre los sentidos, el equipo de Wine News tuvo la oportunidad de asistir a una cata olfativa llevada a cabo en la Bodega de Méndez en Guaynabo donde, dirigidos por el genial Gilles Veluzat, Director de Mercadeo de Louis Vuitton Moët Hennessy, miembros de la prensa especializada y otros invitados tuvimos la oportunidad de comparar y contrastar los aromas que se encuentran en la champaña rosada de Ruinart con unas esencias contenidas en unas pequeñas botellas de cristal.  El trabajo, según nos dijo Gilles, es similar al que se lleva a cabo en las perfumerías.  Algunos de los aromas que sirvieron como marco para adentrarnos en las burbujas eternas del Ruinart Rosé fueron: fresa, frambuesa, menta, naranja rosada, toronja, nuez moscada, guayaba, cereza, entre otros.

Gilles nos explicó que aunque el principal varietal de las tres uvas con las que se confecciona la champaña, Pinot Noir, Pinot Meunier y Chardonnay, es a este último al que Ruinart le ha dado mayor atención.  De hecho, el  vino más vendido de la Bodega, el Ruinart Blanc de Blancs, al igual que el exclusivo Dom Ruinart, son hechos, en su totalidad, con Chardonnay.

Regresando a la actividad, que es parte del Ruinart World Tasting Experience, el rosado de Ruinart es un vino hecho a partir de un corte de 45% Chardonnay y 55% Pinot Noir, del cual un 19% es vino tinto que ya ha cobrado ese color por el contacto con la piel de la uva por espacio de 3 días.  El vino tiene una nariz impresionante, repleta de cerezas, flores recién cortadas, frescura, semillas de fresas salvajes, elementos mentolados.  En boca es sedoso, pero con un cuerpo que permite el maridaje con carnes rojas.  De hecho, esta champaña acompañó perfectamente un corte de filete que se sirvió como parte del evento.

Gilles, quien vivió en la isla por dos años a principios de la década pasada y viene de visita frecuentemente, es un autoproclamado “franco-boricua”.  En una entrevista que pudimos hacerle para Wine News TV, nos comentó lo mucho que le impresiona la curiosidad eno-gastronómica del consumidor local, a quien catalogó como un cliente que busca productos de alta gama.  Fanático, primordialmente, de los vinos tintos con cuerpo, Giles nos comenta que el consumidor de Puerto Rico representa el mercado más educado en el tema del vino en todas las Américas.  Ello, en gran parte, por la inmensa disponibilidad de etiquetas que se consiguen en nuestro mercado, en todos los renglones de precio y calidad.

Muchos de ustedes tal vez no conocen los vinos de Ruinart.  Les exhorto a que los busquen.  Como todas las cosas eternas e imperecederas, Ruinart no te busca, eres tú el que le encuentras.  Y, por supuesto, coincido con Gilles en que la memoria del ser humano preserva, cual si fuera una nota escrita en un papelito, esos aromas que hemos ido acumulando a lo largo de la vida.  Sin temor a equivocarme, estoy seguro que jamás olvidaré esta maravillosa fiesta de los sentidos.

Para concluir, debemos destacar que previo a la actividad, degustamos el vino R de Ruinart que también precisa reconocimiento.  Evocaba mucha galleta, manzana verde y limones maduros en nariz, con un cuerpo estructurado, denso y sedoso, idóneo para mariscos grasos.  Como me dijo mi amigo y socio, Manuel Somohano, hijo, “no me canso de olerlo”.

Finalmente, agradecemos a la Bodega de Méndez, a Matilde Córdova y a Coralis Torres por esta experiencia inolvidable.

Santé.

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