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Los momentos trascendentales

443067_60322981La vida está repleta de eventos trascendentales, momentos a partir de los cuales sabemos que ya jamás seremos los mismos. Dichos instantes son como pequeñas ventanas donde el alma queda al descubierto y se nos permite ver, aunque sea de forma muy breve, dentro de nosotros mismos.

Sirven para conocernos, para saber quiénes somos, dónde estamos y, por supuesto, hacía dónde vamos. Estos eventos marcan un antes y un después, crean un punto de partida, un minuto cero luego del cual nos sentimos más vivos, precisamente porque se nos revela una de las razones que tenemos para vivir.

Por supuesto, son razones que en cada ser humano obedecen a circunstancias muy personales y legitimas. Hay eventos comunes en importancia para todo ser vivo; episodios que toda persona atesora en lo más hondo de su ser. El día que conocemos al amor de nuestra vida, la fecha cuando nace un hijo, el día que descubrimos la ruta que deseamos forjar para nosotros mismos, sea en el plano laboral, personal o espiritual, son todas fechas que van tejiendo la fibra de quienes somos. Sirven como un mapa de nuestro breve paso por este mundo.

En mi vida ocurrió un episodio así de trascendental cuando descubrí la cultura del vino.

Estoy seguro que los entusiastas de verdad se sienten de igual manera.  Recuerdo claramente hace unos años cuando probé un maravilloso vino del Priorato, de la zona noreste de España, pensar que alguien o algo me hablaba desde un más allá del placer sensorial que estaba experimentando.

Sentí una inmensa curiosidad por aprender el cómo y el porqué de aquello tan exquisito que había llegado a mis manos. Cómo era posible, pensé, que una bebida procedente de una simple fruta-la uva- pudiese tener una expresión tan marcada y, a la vez, generar una sensación tan intensa en un mero consumidor, entonces novato, como yo.

Los aromas a fruta madura, roble tostado, especias, campo abiertos, me cautivaron de una forma difícil de articular. Sentí un poco el vértigo que causa estar ante algo más grande que uno mismo. Luego, ese paso por boca tan brusco y elegante, tan silvestre y sublime al mismo tiempo, me dejo saber que ya no iba a ser el mismo.

Que la llegada del vino a mi vida marcaría un antes y un después. Supe, sin lugar a dudas, que estaba ante algo mucho más que un pasatiempo. Estaba, hoy lo veo con claridad, ante un estilo de vida; ante una forma de auto-procurarnos la felicidad.

¿Cuál fue su primera experiencia con el vino, en qué momento los atrapó?

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